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Se puede coexistir la fe sin renunciar a la razón

En nuestra búsqueda de la verdad y el conocimiento, la relación entre la fe y la razón surge repetidamente como un tema apasionante para discutir. Muchos consideran que estas dos dimensiones del pensamiento son incompatibles y pueden incluso entrar en conflicto. Sin embargo, existen muchas voces filosóficas a lo largo de la historia que nos han enseñado a no aceptar fácilmente estas limitaciones.

La fe, basada en principios y creencias espirituales, ha sido un foco central de la humanidad desde tiempos remotos. Por otro lado, el ejercicio de la razón, fundamental para la ciencia y la filosofía modernas, también se ha desarrollado a lo largo del tiempo como una herramienta innata capaz de descubrir verdades objetivas. Ambas facetas han guiado nuestros caminos individuales hacia diferentes formas de entender el mundo.

Hay dos visiones principales sobre el interrelacionar estas fuerzas: la primera sostiene que la fe y la razón se complementan e incluso necesitan una de la otra, mientras que la segunda considera a estos términos como oposición válida.

El filósofo medieval, San Agustín, nos brinda un punto interesante al discutir sobre los límites entre lo racional y lo no -racional: “La fe precede al conocimiento” porque el corazón de la gente antes es persuadido por las promesas de Dios. En él podemos ver cómo reconoce que ciertas verdades van más allá de lo que puede abordarse con nuestra razón humana.

Este diálogo entre la tesología y la filosofía fue fundamental en San Agustín, así como es en muchos otros pensadores a través del tiempo. Los intentos de explicar por qué las cosas son justas o injustas se ven muy comunes en filósofos que han hecho un lugar para su fe. En efecto, a medida que nos adentramos más en el tema podemos constatar una variedad increíble de perspectivas.

En el siglo XXI, estos debates siguen vigentes y merecen explorarse más a fondo ya que dan cuenta de la diversidad cultural actual. La coexistencia pacífica entre estas dos dimensiones de nuestra naturaleza humana ha demostrado ser una herramienta valiosa para avanzar en la búsqueda de la verdad.

Fe y Emociones

Las emociones revisten una importancia crucial en el desarrollo de nuestra fe y también podemos decir que nuestras creencias afectan gran parte de lo que experimentamos con las emociones del día a día. Si buscamos a alguien que represente esto, tenemos al filósofo, Aristóteles.

Aristóteles plantea una visión compleja sobre la forma en la que funcionaría todo el proceso de aprendizaje: comienzan por experiencias y llegan hasta los pensamientos abstractos. De hecho, para Aristóteles era natural entender las emociones como parte del ejercicio del conocimiento.

Cabe resaltar también el significativo papel de las emociones en la tradición religiosa judía ortodoxa: el mishneh torá, considerado uno de los textos fundamentales que definen al judaísmo, es una obra legal claramente centrada en la experiencia humana más allá de lo abstracto o racional.

Al explorar cómo la emoción y la fe están estrechamente vinculadas, es natural preguntamos si estas están basadas más en nuestro razonamiento personal como seres humanos. La religión del corazón, término acuñado por el filósofo Emmanuel Levinas, representa así una perspectiva de que las emociones juegan un papel fundamental en nuestra formación religiosa.

En resumen al ver todo esto podemos comenzar a vislumbrar que la coexperiencia existe, como hemos mencionado anteriormente. Por lo tanto no es necesario renunciar a nada: el ejercicio de la razón y los emocionales, pueden ser complementarios para nuestra formación personal en general y religiosa.

Razón y Comprender

Tres hombres sentados en torno a una mesa pletórica de la desgaste del tiempo

Comprender las ideas ajenas, que siempre incluyen el conocimiento racional, supone una tarea desafiante. La historia filosófica ofrece numerosas contribuciones sobre la importancia de entenderse a uno mismo para poder comprender a otros, y este tema es fundamental para establecer acuerdos pacíficos entre diversas visiones de la vida.

En resumen podemos usar las fuentes que hemos examinado hasta ahora como la base de argumentos sólidos en los debates sobre cuándo se debería priorizar el pensamiento racional. Por caso, el filósofo John Locke sostenemos en su obra “Episteme” que es el conocimiento racional lo que nos ayuda a entenderse mejor a nosotros mismos antes de buscar a otros.

La tarea de la razón como un instrumento para comprender las cosas y al mismo ser humano, siempre merece una mencionación especial. También es muy importante señalar cómo los filósofos creen que, si bien hay verdades universales, ésta no son las únicas.

En muchas tradiciones religiosas, la experiencia personal de Dios o divinidad también es considerada parte del conocimiento objetivo y no puede ser abandonado en favor del pensamiento racional.

El filósofo Tomás de Aquino ha sostenido que se deben tomar como verdaderas las cosas que los sentidos nos muestran además de nuestras experiencias en la vida religiosa.

En las tradiciones orientales no es raro encontrar que el énfasis recae sobre el aprendizaje de las técnicas mediante las cuales uno puede conocer al mundo más profundo con cada paso en su proceso de descubrimiento, y sin perder la visión de conjunto. La idea de entender a uno mismo antes de comprender a los demás es muy frecuente.

El Cerebro y su capacidad para procesar

La forma en que nuestra mente procesa el conocimiento ha sido un tema fundamental por varias décadas ya que también incluye tanto razón como fe. La ciencia actual nos está brindando más detalles sobre cómo funciona nuestra mente: podemos tener una base neuronal real en la física cerebral.

Aquellos filósofos que creen a la ciencia y también tienen profundas ideas religiosas pueden encontrar un punto de coincidencia: las creencias religiosas son algo que provienen de todas partes del cerebro.

Hay personas que ven en esta base neuronal el nacimiento de la fe. Por caso, William James -filósofo- nos muestra cómo esto sería una forma posible para entender cómo se puede coexistir lo racional y fe sin renunciar en ninguno de ellos y cómo las experiencias religiosas pueden originarse como verdaderos conocimientos.

En la neurociencia, el campo que estudia los procesos cerebrales involucrados tanto en la razón, la emoción como el aprendizaje, se puede encontrar mucho material con el que respaldar esta tesis o incluso argumentaciones opuestas. Esto llevó a diversas teorías sobre cómo podemos formar o quitar nuestras creencias religiosas.

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